El poeta y su estudio (II)

En esta segunda entrega, Julio Corcuera nos abre nuevamente la puerta al estudio de su padre, Marco Antonio Corcuera: ese espacio íntimo donde cada papel, cada anotación y cada objeto guardan una historia en gestación. El hallazgo de una estampa de Víctor Raúl Haya de la Torre —convertida en soporte de un poema inconcluso— revela no solo el rigor creativo del poeta, sino también los vínculos afectivos, políticos y humanos que atravesaron su escritura. Memoria personal, anécdota histórica y poesía se entrelazan en este texto que nos recuerda que la obra de un poeta continúa hablándonos desde sus borradores, y que la Fundación Marco Antonio Corcuera sigue trabajando para que esas luces pendientes lleguen, finalmente, a nosotros.

Como mencioné en el escrito anterior, la mesa de trabajo de un escritor siempre será una «caja de pandora», en el que fácilmente uno encontrará gratas sorpresas. El estudio de mi padre, el poeta Marco Antonio, no es la excepción. Cada sobre, cada papel escrito a mano o a máquina de escribir, cada verso anotado era un poema en proyección. Él siempre llevaba en el bolsillo de su camisa una hoja bond doblada en cuatro, y un lapicero, con el fin de anotar un verso, un soneto o una frase que le pueda llevar a desarrollar un poema. Son esos improntus que todo artista tiene y sobre el cual proyecta una nueva creación.

 

Hace poco encontré un sobre rotulado como «varios», en el que había muchas anotaciones, versos y recortes escritos por mi padre. Cuál sería mi sorpresa al toparme con una estampa alargada, a manera de separador de lectura. Este marcador tenía la imagen del político más importante que tuvo el Perú, me refiero al Dr. Víctor Raúl Haya de la Torre. Esta estampa se editó con ocasión de conmemorarse el Día de la Fraternidad (8 de agosto) del año 1982, fecha instituida por Manuel «Cachorro» Seoane en1946 durante un discurso memorable que hiciera bajo el título «Recado del corazón del pueblo», donde prometía, en nombre de los apristas presentes y futuros, que el Día de la Fraternidad seguiría realizándose hasta que todos seamos «polvo en viaje a las estrellas». Esta fecha memorable corresponde a la del nacimiento del líder del partido; tradición que se remonta al año 1933 en la que Haya de la Torre se encontraba preso y los compañeros celebraban su cumpleaños con marchas y fuegos artificiales, como una fecha de unidad y lucha.

 

Por la amistad y cariño que mi padre le profesó en vida a Víctor Raúl, estuvimos juntos en dicha celebración en la ciudad de Trujillo. Primero en su tumba, actuación que tuvo la participación de connotados compañeros. Al finalizar, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), le pidió a mi padre que diera lectura del poema La luz incorporada. Recuerdo muy bien esta escena porque en todo momento estuve al lado de él. Terminada la lectura, cada uno de los miembros le extendió la mano y lo felicitó. Han quedado grabados en mi memoria los rostros de Armando Villanueva, Andrés Townsend, Luis Negreiros y demás miembros de la alta dirección partidaria. Esto fue el 8 de agosto de 1982: una experiencia sin igual. Luego vendría el canto de la Marsellesa Aprista, y enseguida nos dirigirnos al local partidario para una segunda celebración.

 

Recuerdo tanto esa fecha porque hacía muy pocos días que había regresado de la experiencia más importante de mi vida: haber sido becado por American Field Service AFS a los Estados Unidos de Norteamérica - USA. Tuve la suerte de compartir con una familia norteamericana una experiencia de vida en familia y de haber cursado el último año de estudio escolar en dicho país. Durante mi estadía, pude afianzar mi dominio del idioma inglés y ensanchar la base de amigos con los que, hasta la fecha, mantengo comunicación. Esta experiencia me valió para involucrarme en una sociedad totalmente distinta a la nuestra. Luego de pasar unos días en Lima, a pocos días de estar en Trujillo, se produjo una celebración más del natalicio del Viejo, como cariñosamente se le solía decir a Haya de la Torre al interior del partido.

 

Pasaron muchas semanas y siempre veía que mi padre andaba en el bolsillo de su camisa la estampa líneas arriba mencionada. Hasta que un día le dije: «Papá, sería oportuno que guardes la estampa, dado que ya pasó la fecha y no tiene sentido mantenerla contigo». Fue entonces que me mostró el borrador del poema que estaba escribiendo en la parte posterior de la estampa. Me lo leyó, era un borrador de lo podría ser más adelante un bellísimo poema. Para mí ya era un poema muy bien logrado. Tenía todo: mensaje, peso, construcción… Pero como a mi padre le gustaba trabajar mucho sus creaciones, prefería dejar descansar un borrador para luego de unos días continuar con su revisión.  

 

El borrador del poema quedó guardado hasta no hace mucho que me volví a topar con él, y así recordé el contexto en el que fue concebido. Hasta ahora, resuena en mis oídos la manera tan sentida cuando me lo leyó, al igual que las anécdotas partidarias que acompañaban nuestra plática. Estas son las alegrías que seguimos recibiendo de nuestro padre y de su espacio que dentro de poco se podría convertir en Museo. Mientras tanto, poco a poco, nuestro padre sigue dando luces de trabajos que dejó inconclusos y que la Fundación Marco Antonio Corcuera seguirá impulsando para que se publiquen.

 

Les comparto el poema[1] para que lo disfruten como yo lo hice en su momento y del cual tengo el más grato recuerdo.

 

Para que transite la memoria

por ese territorio que se sueña

por esa tierra si es que tierra cabe

llamarle al cielo si de cielo viene

el hálito que habita en la persona

ese simple y eterno testimonio

que no se nubla, aunque se nuble todo

ni deja de temer cuando se piensa

alma sobresaliente o irredenta.

 

Para que todo espacio desolado

se llene del espíritu inmanente

que se desata como lluvia suelta

como torrente, como llamarada

cuyo nombre apenas se pronuncia

cuando se quiere hablar y no se habla,

cuando se quiere decir algo apenas

y no se logra por más que se quisiera

o queréis todo, entonces, nada menos

se desprenden del alma y de la pena.

 

Si caben en un punto decisivo

todos los pensamientos derribados

que para cuantos viertan tu nombre

a través de las notas…

 

 

 

[1] Composición inconclusa dedicada al político y amigo don Víctor Raúl Haya de la Torre.