
En este emotivo texto, Julio Corcuera recuerda la condecoración otorgada a Marco Antonio Corcuera por el Estado peruano en 2009, en una ceremonia íntima realizada en su propio hogar. Entre la emoción familiar, la memoria de los años dedicados a la poesía y el acompañamiento constante de sus seres queridos, el relato reconstruye uno de los momentos más significativos en la vida del poeta trujillano.

In memoriam
“Orden al mérito por servicios distinguidos” en el Grado de Comendador
Siempre que invoco el nombre de mi padre, el poeta Marco Antonio Corcuera, automáticamente aflora en mi subconsciente una imagen o una situación vivida que me lleva a la reflexión. El sábado 27 de junio de 2009 se produjo un evento muy importante para la vida del poeta y su familia. Ese día recibió de manos del canciller de la República y ministro de Relaciones Exteriores, doctor José Antonio García Belaúnde, la distinción que sellaría, de alguna manera, su tránsito por la literatura, y, en especial, por la poesía. Recibió la condecoración Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el grado de Comendador.
La Orden al Mérito por Servicios Distinguidos es un reconocimiento estatal de alto nivel, creada en Perú en 1950. Se otorga a civiles y militares, peruanos o extranjeros, por servicios excepcionales prestados a la Nación. Es concedida por el Estado peruano a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. Esta distinción tiene varios grados, entre ellos Gran Cruz con Brillantes, Gran Cruz, Gran Oficial, Comendador, Oficial y Caballero. La categoría de “Comendador” resalta la perseverancia, la disciplina y el espíritu de contribución de los condecorados a la Nación.
Este tipo de distinciones suele entregarse en el Palacio de Torre Tagle, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero esta vez, considerando el estado de salud de mi padre, se coordinó la entrega en nuestro domicilio. El acto estaba revestido de una atmósfera singular. El canciller, haciendo un derroche de bondad y de empatía con el vate, viajó a Trujillo para dar cumplimiento a la resolución correspondiente y, en nombre de la Nación, proceder a la entrega de tan importante condecoración.

Días previos, el nerviosismo y la emoción embargaba nuestro ambiente familiar. Mi padre, convaleciente de una isquemia cerebral que le afectó el habla y la marcha, era, sin embargo, consciente de lo que esta ceremonia significaba para su vida, máxime por todas las tribulaciones vividas durante su juventud a causa de su vocación política y literaria. Tal vez, a manera de filme, vería recorrer aquellos años de azarosas vicisitudes junto a Antenor Orrego y Haya de la Torre, en los momentos más álgidos de persecuciones y obligada clandestinidad; recibiendo formación poética y política cuando aún era estudiante de Derecho en las aulas sanmarquinas, o proyectando, en Lima, junto con sus compañeros de aventura (Eduardo Jibaja, Julio Garrido Malaver, Mario Florián, Luis Carnero Checa, Alfonso Vásquez Arrieta y Guillermo Carnero Hoke), la publicación de los ahora legendarios Cuadernos Trimestrales de Poesía; y, años más tarde, en Trujillo, junto a Wilfredo Torres Ortega, Horacio Alva Herrera, Calos H. Berríos Carranza y Héctor Centurión Vallejo, sin pensar que, con el tiempo, el cúmulo de todas estas vivencias le regalaría semejante satisfacción.
En casa se respiraba un aire de felicidad y orgullo familiar. Mi hermano mayor, Marco Antonio, lamentablemente se encontraba en Ecuador asistiendo a un evento notarial; mis hermanos, César y Paúl hacían los preparativos para desplazarse a nuestra ciudad y acompañar a la familia en tan importante acontecimiento. El primero en llegar fue mi hermano César, desde Lima; luego, Paúl, desde Piura. Mi madre estaba sumamente emocionada viéndolos llegar y realizando, a la vez, todas las coordinaciones con las autoridades e invitados.
Al ver a toda la familia unida, mi padre no se cansaba de manifestar su gozo con algunas lágrimas y movimientos involuntarios. Era evidente que, en ese momento, solo quería abrazar a sus hijos y a su esposa como una forma de agradecimiento y unidad por los logros alcanzados en conjunto.

Una vez reunidos, se decidió que mi hermano Paúl fuera el representante de la familia y, por lo tanto, pronunciara las palabras de agradecimiento. Tuvo muy poco tiempo para elaborar su texto, pero su gran talento le permitió escribir unas sentidas palabras para tan importante ocasión. La prensa reprodujo algunos fragmentos; todo su discurso fue brillante. La nota periodística publicada el 12 de julio en el diario La Industria de Trujillo, por el poeta Luis Eduardo García, bajo el título MAC, 92 años de poesía, así lo resalta:
«… uno de los hijos de Marco Antonio [Paúl Corcuera] dio un discurso en primera persona, como si se tratara de la voz de MAC [Marco Antonio Corcuera], lleno de emoción y de recuerdos. Algunos asistentes no pudieron contener las lágrimas “… Me viene a la memoria en este momento aquellas palabras de [Soren] Kierkegaard: La vida solo puede ser comprendida mirando atrás, más solo puede ser vivida mirando para adelante”. Y es hacia allá donde quiero mirar. La vida es siempre una maravilla y me preparo con ilusión para lo próximo que me toca vivir. El dolor no es necesariamente algo negativo. Es propio de la realidad humana y hay que saber reconocerlo. En cierta manera, sigo el sabio consejo que daba [Víctor] Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes este sufrimiento”».
La alocución de mi hermano Paúl fue reproducida por la Agencia Peruana de Noticias Andina, bajo el título “Canciller condecora al poeta Marco Antonio”. He aquí un fragmento:
«… Como comprenderán, no tantos acontecimientos pueden generar tanto motivo de orgullo como este día en el que el Estado peruano reconoce la intensa labor de mi padre a lo largo de sus 92 años de vida en el desarrollo de la cultura desde Trujillo hacia todo el Perú y más allá de sus fronteras…».
Estas palabras le devolvieron la vida a nuestro padre. Miraba y escuchaba atentamente todo lo que sucedía a su alrededor, siempre bajo la atenta supervisión y compañía de su amada esposa, Celia, que no se despegó de su lado en ningún momento, tomados de la mano. Mi padre, sin habérselo propuesto, quería que ella saboreara de primera mano el fruto de haber convivido en armonía familiar junto a ese gran proyecto que fue la revista literaria Cuadernos Trimestrales de Poesía.

Al margen de esta nota, entrego un poema de Marco Antonio Corcuera, titulado “Ha sido la honda huella”, tomada del poemario Extravagancias, editada por el Fondo Editorial de la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO) en el año 2016.
Ha sido la honda huella…
Ha sido la honda huella de tus miradas
lo que produjo en mi alma grata ternura,
ha sido la hermosura en que encubierta
vagas, oh Dulcinea, del todo cierta;
han sido tus modales de gentileza
los que han puesto en tu pecho delicadeza;
han sido mi guía tus rojos labios
que me dieron mil besos dulces y sabios,
y en fin todas las cosas bellas con que te cubres,
las que me han hecho amarte y seguir tus huellas.
